Por Efrén, hace 7 años y 1 mes

«La naranja mecánica» de Anthony Burgess.

Inauguramos sección en el blog, «sábado con libro», con La naranja mecánica (A Clockwork Orange en su versión original). En realidad esta entrada es una reseña que hice para el club de lectura del Colectivo Ramon Llull que se reúne en la Llibreria Ramon Llull de Valencia y que está abierto a todo aquel que quiera participar.

La naranja mecánica es uno de esos libros que todo el mundo conoce porque en los 70 se hizo una versión cinematográfica que ha tenido bastante difusión (en mi caso y en el de la mayoría de gente que conozco gracias a un pase en video). Por si esto fuera poco, esta versión la concibió y dirigió un genio del cine, Stanley Kubrick. Además la película provocó una verdadera conmoción en  el momento de su estreno por su estética, montaje, música y un tratamiento de la violencia totalmente innovadores que han hecho que perdure como una referencia clave dentro de la historia del cine.

La Naranja Mecanica Kubrick

 

 

El caso es que la película de Kubrick llegó a eclipsar a la novela en que se basaba e incluso al resto de la obra literaria del autor de la misma, Anthony Burgess. Hasta el punto de que Burgess llegó a repudiar su novela y a lamentar  que el lapso de tiempo que había pasado desde que la escribió en 1962 no hubiera «bastado para borrarla de la memoria literaria del mundo». Me permito un consejo si decidís leeros La naranja mecánica: saltaros la introducción del autor que antecede al texto (al menos en la edición de bolsillo de Ediciones Minotauro) porque va a condicionar vuestra lectura. Yo en todo caso la dejaría para el final. Y una sugerencia: si podéis, haceros con la banda sonora original de la película (yo la conseguí en la biblioteca pública de la calle del Hospital) y utilizadla como música de fondo. En el libro la música tiene una importancia capital, sobre todo las composiciones de Ludwig van Beethoven y escucharlas mientras leéis merece la pena.

.La Naranja Mecanica

La verdad es que John Anthony Burgess Wilson (éste era el verdadero nombre del autor) volcó mucho de su experiencia personal en este libro. Este escritor inglés nacido en Manchester en 1917 y que perdió a su madre y a su hermana a la edad de un año, fue criado por su tía materna hasta que su padre se volvió a casar unos años después. En su infancia nunca prestó demasiada atención a la música hasta que un día oyó en una radio que el mismo se había construido el Prélude à l'après midi d'un Faune de Claude Debussy. Esta escucha le causa una impresión tan profunda que decidió hacerse compositor y aprendió a tocar el piano de forma autodidacta (en el transcurso de su vida escribió dos sinfonías y varias sonatas y conciertos). Como no le admitieron para realizar estudios de música en la universidad, se matriculó en lengua y literatura inglesa y obtuvo una licenciatura en artes. En la universidad conoció a Lynne Isherwood Jones, con la que se casaría en 1942.

En 1940 es llamado a filas y permanecería en el ejército hasta 1946. Prestó sus servicios en el servicio médico y en el cuerpo de educación del ejército y fue destinado a Gibraltar. Precisamente en 1944, durante su estancia en ese destino, su mujer fue atacada y violada por un grupo de soldados estadounidenses que habían desertado y sufrió un aborto a consecuencia de la paliza que le pegaron. Burgess reproduciría en cierta manera esta horrible experiencia personal en uno de los pasajes más importantes de La naranja mecánica en el que Álex y sus drugos se cuelan en la casa de un escritor que precisamente está escribiendo un libro con el mismo título, violan a su mujer ante sus ojos y les dan una paliza a ambos.

En el ejército también repararon en su facilidad para los idiomas y estas habilidades lingüisticas fueron requeridas por los servicios de inteligencia. Burgess era un políglota consumado y además del inglés hablaba también malayo, ruso, francés, alemán, español, italiano, japonés y un poco de hebreo, chino, sueco y persa. Esa facilidad con los idiomas le sirvió para conseguir otro de los hallazgos de esta novela que no es otro que el nadsat, la jerga que utilizan Álex y sus amigos y cuyas palabras son adaptaciones de vocablos eslavos, en especial del ruso (como curiosidad, Burgess también se inventó el ulam, el lenguaje prehistórico que utilizan los personajes de la película En busca del fuego de Jean-Jacques Annaud).

Tras regresar a la vida civil ejerció como profesor en Inglaterra y a partir de 1954, entró a formar parte del servicio colonial británico y se dedicó a dar clases en Malasia y posteriormente en Brunei. En 1959 sufrió un colapso mientras impartía una clase. Le diagnosticaron un tumor cerebral y le concedieron un año de vida (aunque acabaría muriendo en 1993) por lo que decidió dedicarse plenamente a la literatura con el objetivo de ganar dinero suficiente para asegurarle la vida a su futura viuda. Ahí empezó una prolífica carrera como escritor, aunque ya había escrito tres obras con anterioridad (lo que se conoce como la Trilogía Malaya), que abarca más de cincuenta títulos.

Volviendo a La naranja mecánica y teniendo en cuenta que fue escrita en 1962, se trata de una novela moderna y en cierta manera premonitoria. El hecho de que el personaje principal, Álex, se comporte durante gran parte del libro como un personaje amoral, totalmente opuesto a un héroe no deja de ser sorprendente teniendo en cuenta que se escribió hace casi cincuenta años. Y aunque se equivoca en algunos aspectos, esa sociedad futura mezcla del sistema liberal occidental y del sistema socialista del bloque soviético adelanta comportamientos y situaciones que vivimos actualmente.

Además el autor, a través de sus personajes, transmite ideas llenas de fuerza o que se adelantaban a su tiempo. Por ejemplo, la queja del vagabundo que antes de recibir una paliza a manos de Álex y sus secuaces grita: «¿Qué clase de mundo es éste? Hombres en la Luna y hombres que giran alrededor de la tierra como mariposas alrededor de una lámpara, y ya no importa la ley y el orden en la tierra.» O cuando Álex se pasea impunemente por la noche con su drugos entre los bloques de viviendas y nos explica que «Esa noche pasaban lo que solían llamar un programa mundial, porqué todos los habitantes del mundo podían ver si lo deseaban el mismo programa (...) todo esto, hermanos míos, lo soltaban al espacio exterior usando satélites especiales para la tele.» ¿Cómo no pensar, al leer esa frase, en los mundiales de fútbol que están a la vuelta de la esquina? Y cuándo nuestro personaje se refiere a los periódicos: «Traía lo habitual acerca de la ultraviolencia, las huelgas y los asaltos a bancos, y los futbolistas que paralizaban de miedo a todo el mundo amenazando con no jugar el domingo próximo si no obtenían aumento de sueldo(...)». El tratamiento que el autor da a la idea del bien, el mal y el libre albedrío, la estructura en forma de fábula de la novela y el tan comentado capítulo final son temas en los que no voy a entrar porque creo que no se trata de destripar el libro, si no de que lo leáis si os apetece.

A mi personalmente me ha gustado y me han entrado ganas de leer más cosas de Anthony Burgess. Quizás después de leer La naranja mecánica estaría bien visionar la película de Kubrick, un asunto que tenemos pendiente los miembros de este club. Como despedida ahí van las imágenes iniciales de la película con la música de Walter/Wendy Carlos (en su versión con sintetizadores de Music for the Funeral of Queen Mary de Henry Purcell que forma parte de la banda sonora).

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